Se presenta el testimonio de Ana Rosa Hidalgo tras la masacre del 2 de mayo de 2002 y su posterior desplazamiento forzado desde Bojayá hasta Quibdó. Habla del doloroso impacto de la discriminación y estigmatización que sufrieron sus hijos en los colegios por ser considerados población desplazada, lo que afectó su escolaridad formal, aunque lograron salir adelante mediante formación técnica (SENA) y el esfuerzo de su trabajo.